¿Qué es exactamente un curetaje dental?
El curetaje dental, denominado técnicamente raspado y alisado radicular (RAR), es el tratamiento de referencia para la enfermedad periodontal en sus fases inicial y moderada. Consiste en una limpieza profunda que va mucho más allá de la limpieza dental convencional (profilaxis o tartrectomía) que se realiza en las revisiones rutinarias.
Mientras que una limpieza ordinaria elimina el sarro y la placa que se acumulan en la superficie visible del diente (por encima de la línea de la encía), el curetaje actúa por debajo de la encía, accediendo a las bolsas periodontales — esos espacios patológicos que se forman entre la raíz del diente y la encía cuando la enfermedad periodontal destruye la inserción del tejido.
Durante el procedimiento, el periodoncista utiliza instrumentos manuales especializados (curetas) y dispositivos ultrasónicos para eliminar el cálculo subgingival (sarro adherido a la raíz por debajo de la encía), las toxinas bacterianas impregnadas en la superficie radicular y el tejido inflamatorio del interior de la bolsa. El objetivo es crear una superficie radicular lisa y biocompatible que permita la readhesión de la encía al diente.
Es importante comprender que el curetaje no es un tratamiento estético ni opcional: es un procedimiento terapéutico necesario cuando existe enfermedad periodontal diagnosticada. Sin tratamiento, la inflamación progresa silenciosamente, destruye el hueso de soporte y conduce a la pérdida dental.
¿Curetaje o raspado y alisado radicular? Aclarando la terminología
Existe cierta confusión terminológica entre pacientes, e incluso entre profesionales, sobre los términos «curetaje», «raspado y alisado radicular» y «limpieza profunda». Conviene aclarar las diferencias.
El término «curetaje» se usa coloquialmente para referirse a cualquier instrumentación subgingival. En sentido estricto, el curetaje gingival es la eliminación del tejido de granulación (tejido inflamatorio) del interior de la bolsa periodontal. El raspado y alisado radicular (RAR) es la eliminación del cálculo y las toxinas de la superficie de la raíz, dejándola lisa. En la práctica clínica, ambos procedimientos se realizan simultáneamente.
La «limpieza profunda» es el término que muchos pacientes utilizan, pero puede generar confusión porque sugiere que se trata simplemente de una limpieza más exhaustiva. En realidad, es un tratamiento periodontal activo que requiere anestesia, instrumentación especializada y un plan de seguimiento posterior. No es lo mismo que una profilaxis rutinaria.
En PerioMax utilizamos el término «tratamiento periodontal básico» o «raspado y alisado radicular» para referirnos a este procedimiento, ya que refleja con mayor precisión lo que realmente se realiza. Independientemente de cómo lo denomine, lo esencial es que se trata del primer escalón terapéutico contra la periodontitis y el más eficaz cuando la enfermedad se detecta a tiempo.
¿Duele el curetaje? La verdad
Esta es la pregunta que más escuchamos en consulta, y la respuesta que damos siempre es la misma: con anestesia adecuada, el curetaje no duele. Es incómodo pensar en lo que se está haciendo bajo la encía, pero la realidad física del procedimiento, cuando se realiza correctamente, no implica dolor.
El curetaje se realiza siempre bajo anestesia local. Se anestesia el área que se va a tratar (normalmente se trabaja por cuadrantes, es decir, un cuarto de la boca en cada sesión) y se espera a que la anestesia haga efecto completo. Durante la instrumentación, el paciente puede notar presión y vibración (especialmente con los ultrasonidos), pero no dolor.
Para los pacientes con especial aprensión o ansiedad dental, en PerioMax disponemos de la opción de sedación consciente con óxido nitroso, que produce un estado de relajación profunda sin los riesgos de la anestesia general. El paciente permanece consciente pero despreocupado.
Tras el curetaje, una vez que pasa el efecto de la anestesia, es normal experimentar cierta sensibilidad dental (especialmente al frío) y una ligera molestia en las encías durante dos a cinco días. Estas molestias son gestionables con analgésicos convencionales como ibuprofeno o paracetamol. La sensibilidad al frío puede persistir unas semanas y se resuelve progresivamente a medida que la encía cicatriza y se readhiere a la raíz.
Lo que sí debemos ser honestos en comunicar es que no tratar la enfermedad periodontal sí duele. La periodontitis avanzada provoca abscesos, movilidad dental y, finalmente, pérdida de piezas. El curetaje a tiempo evita todo eso.

Cómo se realiza el procedimiento paso a paso
El tratamiento se estructura habitualmente en dos a cuatro sesiones, tratando uno o dos cuadrantes por cita. Esta división permite trabajar con precisión sin fatigar al paciente y facilita la gestión de la anestesia. Las sesiones se espacian una o dos semanas entre sí.
En cada sesión se siguen los siguientes pasos. Primero, se aplica anestesia local infiltrativa en la zona a tratar. Tras verificar que la anestesia es completa, se inicia la instrumentación ultrasónica: un dispositivo con punta fina que vibra a alta frecuencia, fragmentando y desprendiendo el cálculo subgingival mientras irriga constantemente con suero. El ultrasonido elimina los depósitos gruesos de forma eficiente.
A continuación, se realiza la instrumentación manual con curetas Gracey, que son instrumentos con un diseño específico para cada zona de la boca. Las curetas permiten un alisado fino de la superficie radicular, eliminando las irregularidades y las toxinas que el ultrasonido no puede resolver. Este paso requiere experiencia y destreza táctil por parte del periodoncista.
Finalmente, se irriga el interior de las bolsas con una solución antiséptica (habitualmente clorhexidina o povidona yodada) para reducir la carga bacteriana residual. En determinados casos, se puede aplicar un antibiótico local de liberación lenta directamente dentro de la bolsa.
Tras completar todos los cuadrantes, se programa una cita de reevaluación entre seis y ocho semanas después. En esta cita se miden nuevamente las bolsas periodontales para verificar la respuesta al tratamiento. Si las bolsas se han reducido y el sangrado ha cesado, se pasa a la fase de mantenimiento. Si persisten bolsas profundas, se valorará la necesidad de cirugía periodontal en esas zonas específicas.
Después del curetaje: recuperación y cuidados
La recuperación tras un curetaje es significativamente más sencilla que la de cualquier procedimiento quirúrgico. No hay suturas, no hay herida abierta visible y el paciente puede retomar su actividad normal el mismo día.
Durante las primeras 24-48 horas es aconsejable evitar alimentos muy calientes, picantes o ácidos que puedan irritar las encías tratadas. La higiene dental debe continuar desde el primer día, aunque con un cepillo de cerdas ultrasuaves en la zona tratada durante la primera semana. Se recomienda realizar enjuagues suaves con clorhexidina al 0,12% dos veces al día durante 10-14 días.
Es normal observar un ligero sangrado al cepillarse durante los primeros días: no se alarme, es parte del proceso de cicatrización. Lo que no debe hacer es dejar de cepillarse por miedo al sangrado, ya que la higiene meticulosa es precisamente lo que permitirá que la encía se recupere correctamente.
La sensibilidad dental, especialmente al frío, es el efecto secundario más frecuente. Se produce porque, al eliminar el sarro subgingival, queda expuesta una porción de raíz que antes estaba cubierta. Esta sensibilidad se atenúa en dos a cuatro semanas a medida que la encía cicatriza y se contrae sobre la raíz. Mientras tanto, puede utilizar una pasta dentífrica específica para sensibilidad dental con hidroxiapatita o nitrato potásico.
Uno de los cambios que más sorprende a los pacientes es que, tras la desinflamación de las encías, pueden aparecer pequeños espacios entre los dientes (triángulos negros) que antes estaban ocupados por la encía inflamada. Esto no es un efecto negativo del tratamiento: es la revelación de la situación real de los tejidos. La encía inflamada creaba una falsa sensación de relleno.

